Capítulo Cuarto: TAPE COLLAGE MUSIC

"Continué avanzando por entre las horribles rocas. Había centenares de ellas. Algunas parecían hombres haciendo horrorosas muecas [...] Otras eran como animales, reptantes y repugnantes animales que sacaban la lengua; otras eran como palabras que no pude pronunciar [...] Proseguí mi camino entre ellas, aunque me asustasen, y mi mente se llenó de abominables canciones que ellas le introducían"
"El Pueblo Blanco" Arthur Machen, 1899



1938-1963. Ian Bradly, apodado el alemán por sus compañeros de escuela debido a que siempre elegía encarnar a un soldado nazi cuando jugaban a la guerra. De adulto, lector ávido del Marqués de Sade, Frederick Wilhem Nietzsche y libros sobre prácticas sexuales sadomasoquistas. También colecciona esvásticas. Entre las lecturas que recomienda a su reciente novia Myra Hindley, se encuentra el "Mein Kampf" de Adolf Hitler. Ian, en fechas anteriores a sus siniestros asesinatos, estará recluido dos años en la prisión de Strangeways (prisión que dentro de un juego de palabras -dependiendo si recaemos en la coma o no- aparecera en el título del último disco de los Smiths, "Strangeways, Here We Come").

1964. Tras conseguir atraerla hasta su casa mediante engaños, Ian y Myra, golpean y torturan a Lesley Ann, una niña de diez años. Después de obligarle a desnudarse, Ian toma fotos de la niña en posturas sexualmente explicitas, mientras suena de fondo "I Feel Fine" de los Beatles. Myra registra en una grabadora la mezcla de música, golpes, sollozos, gritos de dolor de Lesley y vanas súplicas por su vida. Ian viola vaginal y analmente a la niña y luego la estrangula bajo la mirada impávida de su compañera.. Metal snuff music. La entierran al día siguiente en los páramos de Saddleworth.



1947. En una excursión escolar a los páramos de Loch Lomond, tras almorzar, los niños se echan la siesta. Cuando despiertan, Ian no está junto a sus compañeros. Se encuentra en lo alto de una colina. Se queda inmóvil allí, recortado contra el sol, durante una hora; impávido ante las llamadas de sus compañeros y profesores. Posteriormente declararía que en esa inmensidad se sintió aislado en un vasto territorio, sin límites. Abducido en otra dimensión tal como les ocurre a las estudiantes del colegio Appleyard en el relato de Joan Lindsay "Picnic en Hanging Rock" (1967), pero su viaje onírico pertenece al mundo lóbrego de Lovecraft y no al de Lord Dunsany. Repleto de una sensación de poder y posesión de todo lo que percibía en el horizonte. De ser el dueño de ese territorio físico donde años más tarde extendería una profunda sombra con sus crímenes (a su muerte, Ian, en sus últimas voluntades pidió que sus cenizas fueran esparcidas en Saddleworth, donde descansaban algunas de sus víctimas). Allí donde se tomaría fotos encima de los sepulcros secretos de sus víctimas, encima de los cuales mantendría relaciones sexuales con Myra para así marcarlos por siempre psicogeográficamente de terror. Túmulos irradiando resonancias mórficas, un principio de memoria en la naturaleza, la idea de que el relámpago llama al relámpago, algo que ha ocurrido antes tiene más posibilidad de ocurrir otra vez, que manifiesta Burroughs. (En la serie de 1972 de Nigel Kneale -famoso por su saga de Quatermass- "The Stone Tape" aparece la idea de que los sucesos particularmente intensos son grabados de manera literal en la piedra -de ahí el título, "La cinta de piedra"- del edificio encantado donde se instalan los científicos de la serie, siendo el sistema nervioso humano el receptor/reproductor de las señales que emite esa piedra grabada. Así la materia inorgánica es un tejido cicatrizado depositario de una memoria traumática universal. Y aunque no podamos interpretarlas desde nuestro presente son psicoformas que suscitan lo unheimlich, ("la sensación de no estar en casa", Freud, lo que surge si se revela "lo que debería permanecer oculto" según señala el filósofo Schelling) al contemplarlas, que se infiltrarían, a través de un cruel subconsciente colectivo a partir del que nacerán los mitos del futuro próximo, en la psique de sus habitantes próximos: Morrissey, Ian Curtis, Bernard Summer, Genesis P-Orridge, Mark E. Smith, todos mancunianos. Y todos ellos afectados por las sinergias creadas por estos crímenes, la decadencia post industrial de la ciudad, la imaginería nazi, los recuerdos del conflicto bélico de sus antecesores que serán instaurados, mediante su imagen, actos y sonidos, en el paisaje de las comunicaciones que habitamos y nos habita. "Proyectar las ruinas contra tu propia alma" ("Iceland", The Fall). Mark E. Smith es un huraño druida trasplantado a un decadente Manchester postindustrial al que los anestésicos sociales de la sociedad mancuniana (barbitúricos, bingos, ruinas, pubs, alcohol, el futbol, la televisión, costumbrismos locales) producen visiones salidas de los mitos de Cthulhu de Lovecraft y su círculo de escritores afines, al ser observados desde el prisma de alguien extraño al mundo actual. Y que aguarda su momento, tras permanecer oculto en estos siglos de aciago cristianismo, a que el alineamiento de las estrellas sea propicio para que los mitos paganos del Norte del país se impongan de nuevo, como declara en su canción "The N.W.R.A" (siglas de The North Will Rise Again). Los Smiths reflejaran el horror en "Suffer Little Children" y en otras de sus canciones ("Reel Around the Fountain", "This Charming Man") sobrevuela la sombra de la perdida de la inocencia a manos de un adulto corruptor envuelta en el tabú de la pederastia. Throbbing Gristle emplearan el arte decadente prohibido por Goebbels ("los constructores de ruidos atonales") en lo que se podría denominar una traslación del horrible caos de las cintas de Myra Hindley (también dedicaron una canción a uno de sus asesinatos: "Very Friendly") mediatizadas por el dadaísmo de Tristan Tzara, ataviados con vestimenta paramilitar y canciones con títulos como "Disciple" o "United"-así como el logo de su discográfica Industrial Records es un horno crematorio de un campo de concentración de Auschwitz y la portada de su disco "Hot in the Heels of Love" de 1979 es una foto de los miembros del grupo posando ante el edificio que había servido de sede del Ministerio de Propaganda del Tercer Reich-. El propio Genesis P-Orridge y su musa mujer Lady Jaye se han sometido a operaciones estéticas, implantes mamarios y tratamientos hormonales con el objeto de parecerse entre sí, no con el objeto de alcanzar la transexualidad sino lo pandrógino; una sola entidad que transcienda el género y la individualidad. En el despliegue de imaginería grotesca de Mark E. Smith, una suerte de puesta al día de la mitología céltica ancestral regada con generosas dosis del imaginario de Lovecraft en el degradado entorno industrial de Manchester, donde seres abyectos como Hindley y Bradley podrían resurgir en cualquier momento de entre las sombras del tiempo. Por su parte, Joy Division, toma su nombre de las secciones de los campos de concentración donde las prisioneras judías eran obligadas a prostituirse para solaz de las tropas alemanas y/o como método de cura para la homosexualidad y en la portada de su EP debut "An Ideal for Living" aparece la imagen de un tamborilero de las juventudes hitlerianas. Simbología nazi reapropiada1, el alfabeto de la atrocidad -détournement, mensajes cifrados desde el otro mapa de las ciudades- aparecería en insignias, chapas, cazadoras, pintadas, etc. en todas las ciudades de Gran Bretaña a finales de la década de los setenta, como si la sociedad de Thule, la armazón esotérica del nazismo, hubiese trasladado sus operaciones a la isla de Albión llevando el conflicto a lo teológico tras haber perdido la II Guerra Mundial. Una visión era negada y recluida en las ruinas.



Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, de la misma manera que Gran Bretaña se pobló de símbolos prohibidos, en Nueva York, por la misma época, los grafiteros empezaron a tatuar las paredes de la ciudad para reescribir su identidad según percibían la urbe a través de sus sonidos, que como elemento integral del paisaje público pero con mayor individualismo definían mejor su psicología social que sus elementos urbanos y permitían percibir su esencia más allá de ese simulacro de ciudad tejido con hormigón, metal, vidrio y luces de neón: como una jungla. Sobre su territorio la música de muy diferentes estilos y de cualquier zona del mundo sale de los enormes radiocasetes a pilas que llevaban sus habitantes a cuestas, de las radios de los coches, de los comercios, se mezclaba como un gran tapiz, a su vez jalonadas en los sonidos propios del bullicio humano, el poliglotismo babélico consecuencia de las múltiples capas de sucesiva inmigración y de la misma ciudad: tráfico, cláxones, sirenas, autos. Así sonaría el rap: como una emisión radiofónica asaltada e interrumpida por las demás frecuencias del dial sumergida bajo el estado de ansiedad de la caótica metrópoli; la calle como una mixtape, con el ritmo como pegamento que uniese todos los sonidos. Tal como el bajo de "Good Times" de Chic parecía estar en todas partes ("Rapers Delight", "Another One Bites the Dust" de Queen, "The Adventures of Grandmaster Flash on the Wheels of Steel" de Grandmaster Flash & The Furious Five, "The Magnificent Seven" The Clash)

(1)    Tal como los nazis habían vampirizado la esvástica invirtiendo su dirección habían convertido lo que era un símbolo de armonía y paz en Asia en su opuesto.

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